Boletín de Noticias – Año 2, Volumen 1 – Enero/Marzo 2005
“Cuando haya algún pobre entre tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni le cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano liberalmente y le prestarás lo que en efecto necesite”. Deut. 15: 7, 8. (La Biblia)
Cuando Dios pensó la humanidad, lo hizo con el criterio de igualdad, justicia y equidad.
Cuando el egoísmo del hombre lo llevó a acumular bienes para sí mismo sin importarle su prójimo, ese ideal se desvaneció.
Para ayudar al hombre a restaurar ese modelo de civilización emparejada, Dios plantea una serie de principios que, llevados fielmente a cabo, lograrían compensar los desequilibrios sociales.
Lamentablemente, la voz de Dios sigue siendo la menos escuchada, aún por muchos “fieles” y las estadísticas siguen reflejando la cruda realidad de una población crecientemente empobrecida y sin saber como paliar sus peligrosas consecuencias.
“Según datos oficiales, la ciudad de Buenos Aires tiene un déficit de 100.000 viviendas y hay 400.000 personas en emergencia habitacional. El problema se manifiesta en diferentes formas: villas, conventillos, casas tomadas y hoteles en pésimo estado” (Clarín, 18/03/04).
En su edición del 04/09/04, el diario El Litoral indicaba: “El déficit habitacional de la Argentina alcanzó este año a los 2 millones de personas, al tiempo que el ritmo de este desequilibrio se incrementa en 120.000 más cada año”.
Pero lo importante es que si nos decidimos a actuar responsablemente podemos modificar esta realidad; al menos marcando el camino del cambio.
En Hábitat sabemos que la suma de pequeños esfuerzos, por poco que parezca frente a la necesidad, es de vital importancia para aquellos que hoy disfrutan de una casa sencilla, digna y económica y para los muchos que lo harán cuando sumemos el aporte de aquellos que desean ser parte de este cambio.
José Colacilli. Presidente Hábitat Para la Humandiad Argentina
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25 de marzo de 2008
Boletín 5: Editorial
Boletín Institucional – Año 1, Volumen 5 – octubre/ diciembre, 2004
Acabamos de vivir la celebración de la Navidad, que produce en los cristianos un sentimiento muy adecuado para la caridad.
El nacimiento de Jesús, el Dios hecho hombre, convocó a personas de muy distintas condiciones y posibilidades. A su presencia llegaron los muy ricos, con exquisitos regalos, y los muy pobres con su humilde adoración.
Hoy también, tanto unos como otros, podemos unirnos desde nuestra posición y aptitud para sumarnos a la misión de construir un mundo donde todos vivan dignamente.
Que al brindar en estas fiestas puedas establecerte como objetivo cercano el ser usado por Dios para alcanzar esa meta, «“recordando las palabras de Jesús: “hay más dicha en dar que en recibir:”» (Hechos de los Ap. 20:35b)
Felices Fiestas y la más rica bendición de Dios para el 2005.
José F. Colacilli
Presidente
Hábitat para la Humanidad Argentina
Acabamos de vivir la celebración de la Navidad, que produce en los cristianos un sentimiento muy adecuado para la caridad.
El nacimiento de Jesús, el Dios hecho hombre, convocó a personas de muy distintas condiciones y posibilidades. A su presencia llegaron los muy ricos, con exquisitos regalos, y los muy pobres con su humilde adoración.
Hoy también, tanto unos como otros, podemos unirnos desde nuestra posición y aptitud para sumarnos a la misión de construir un mundo donde todos vivan dignamente.
Que al brindar en estas fiestas puedas establecerte como objetivo cercano el ser usado por Dios para alcanzar esa meta, «“recordando las palabras de Jesús: “hay más dicha en dar que en recibir:”» (Hechos de los Ap. 20:35b)
Felices Fiestas y la más rica bendición de Dios para el 2005.
José F. Colacilli
Presidente
Hábitat para la Humanidad Argentina
Boletín 3: Editorial
Boletín Bimensual – Año 1, Volumen 3 – junio/julio, 2004
Por tratarse de fines de marzo (ya otoño) la mañana era singularmente muy calurosa, el manejo del pisón –al que no estoy habituado- para compactar la base del contrapiso de lo que serán los dormitorios de la casa, ya habían sacado dos ampollas en mis manos enguantadas.
El sudor, el ardor y el cansancio que se hacía presente antes de lo esperado, quedaban minimizados por la alegría de acompañar, en un ínfimo porcentaje, el trabajo esforzado y cotidiano de Norma, beneficiaria de una de las primeras casas que se construyen en Luján, Pcia. De Buenos Aires, Carlos, ayudante y beneficiario de la otra casa y Víctor, el jefe de obra y otros voluntarios.
Ahora, a mediados de julio, con mucho frío en el ambiente, nuestro corazón vuelve a templarse de gozo al ver las construcciones tan avanzadas y prontas a ser dedicadas para la gloria de Dios y el contento pleno de las familias propietarias.
Todo esto se enmarca en un momento muy especial para la historia de Hábitat en Argentina. Después de mucho tiempo de “preparación” y ansiosa expectativa ¡Por fin estamos en carrera!
Para quienes venimos bregando desde el principio, esta realidad es una tremenda satisfacción, pero nada es comparable a la emoción de quienes pueden ver cristalizado un anhelo hasta hoy inalcanzable: ¡una casa digna y propia!
Ver las lágrimas reincidentes en el rostro de Norma Niz, compartir el entusiasmo y alegría de Carlos y Laura Silva Miranda, asombrarnos con el esmero y celeridad que han impuesto a la construcción, son razones suficientes para dar gracias a Dios por permitirnos participar en este ministerio cristianos de Hábitat en Argentina que nos da la oportunidad de poner nuestra fe en acción, de materializar el amor al más necesitado.
Y esto es sólo el comienzo, y es tanto lo que resta -teniendo en cuenta el déficit habitacional en Argentina- que alguien sin fe podría desmoronarse frente al desafío colosal. Pero nos anima saber que Dios está de nuestra parte, El ha dicho que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lucas 18:27). Nos ha enseñado a clamar a Él, quien responderá (Jeremías 33:3). Nos invita a confiar cuando dice: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” (Mateo 7:7). Y eso hacemos cada día y vemos a Dios obrar los imposibles.
Todos podemos participar de este gozo particular y cuantos más seamos los “obreros” más pronto alcanzaremos las metas. La colaboración de muchos hombres y mujeres dispuestos a poner su amor en acción es necesaria para que muchas familias mas experimenten la bendición de Dios en sus vidas.
José F. Colacilli
Por tratarse de fines de marzo (ya otoño) la mañana era singularmente muy calurosa, el manejo del pisón –al que no estoy habituado- para compactar la base del contrapiso de lo que serán los dormitorios de la casa, ya habían sacado dos ampollas en mis manos enguantadas.
El sudor, el ardor y el cansancio que se hacía presente antes de lo esperado, quedaban minimizados por la alegría de acompañar, en un ínfimo porcentaje, el trabajo esforzado y cotidiano de Norma, beneficiaria de una de las primeras casas que se construyen en Luján, Pcia. De Buenos Aires, Carlos, ayudante y beneficiario de la otra casa y Víctor, el jefe de obra y otros voluntarios.
Ahora, a mediados de julio, con mucho frío en el ambiente, nuestro corazón vuelve a templarse de gozo al ver las construcciones tan avanzadas y prontas a ser dedicadas para la gloria de Dios y el contento pleno de las familias propietarias.
Todo esto se enmarca en un momento muy especial para la historia de Hábitat en Argentina. Después de mucho tiempo de “preparación” y ansiosa expectativa ¡Por fin estamos en carrera!
Para quienes venimos bregando desde el principio, esta realidad es una tremenda satisfacción, pero nada es comparable a la emoción de quienes pueden ver cristalizado un anhelo hasta hoy inalcanzable: ¡una casa digna y propia!
Ver las lágrimas reincidentes en el rostro de Norma Niz, compartir el entusiasmo y alegría de Carlos y Laura Silva Miranda, asombrarnos con el esmero y celeridad que han impuesto a la construcción, son razones suficientes para dar gracias a Dios por permitirnos participar en este ministerio cristianos de Hábitat en Argentina que nos da la oportunidad de poner nuestra fe en acción, de materializar el amor al más necesitado.
Y esto es sólo el comienzo, y es tanto lo que resta -teniendo en cuenta el déficit habitacional en Argentina- que alguien sin fe podría desmoronarse frente al desafío colosal. Pero nos anima saber que Dios está de nuestra parte, El ha dicho que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lucas 18:27). Nos ha enseñado a clamar a Él, quien responderá (Jeremías 33:3). Nos invita a confiar cuando dice: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” (Mateo 7:7). Y eso hacemos cada día y vemos a Dios obrar los imposibles.
Todos podemos participar de este gozo particular y cuantos más seamos los “obreros” más pronto alcanzaremos las metas. La colaboración de muchos hombres y mujeres dispuestos a poner su amor en acción es necesaria para que muchas familias mas experimenten la bendición de Dios en sus vidas.
José F. Colacilli
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